Selección de poemas del libro "Post mortem" (2006)







Selección de poemas del libro "Álbum de negativos" (2011)





Selección de poemas del libro "Benjamín" (2015)








Selección de poemas del libro "Tres" (2016)









DE LA COLUMNA "LA BARAJA DE HOY" PARA "CIUDAD Y PODER¨:
LA BARAJA DE HOY - UNA DE SUICIDAS
“No es posible incluir en la misma categoría, ni tratar de la misma manera, la muerte de un alienado, que se precipita desde una ventana elevada porque lo cree en el mismo plano que el suelo, que la del hombre sano de espíritu, que se mata sabiendo lo que hace.”
Émile Durkheim, “El suicidio” (1912).
Virginia Woolf se ahogó, primero, con un abrigo. Colocó, después, en cada una de sus bolsas una piedra, sólida como sus fantasmas, certera como una voz, la última. Entonces se sumergió en el río, nada podría salir de allí, nada. Paul Celan se lanzó al Sena, la última vena los ríos, en estos dos casos. Pavese se encerró en un hotel de Turín, tragó somníferos. Sylvia Plath abrió las llaves del gas. Gérard de Nerval, después de pasear a su mascota langosta por la calle, se colgó de una farola. Mishima se abrió el vientre en un harakiri. Kurt Cobain se dio un tiro. Charly Parker, sobredosis de heroína, igual que Morrison, Hendrix, Joplin, Winehouse y el resto del club de los 27. Otro de 21, Sid Vicious, eligió a la misma droga, después de haber matado a su novia prostituta, un pacto suicida que él no se atrevió o no pudo, por su estado de intoxicación, consumar el mismo día. Al final alcanzó a su Eurídice Sandy en el Hades en un asesinato triangular, edípico, al inyectarle su propia madre la dosis letal.
Deleuze se tiró de un sexto piso. Walter Benjamin se envenenó. Alfonsina Storni se fue con el mar. Hitler, una vez derrotado, ingirió pastillas junto a su esposa Eva Braun. Horacio Quiroga ingirió cianuro. Y muchos otros artistas, poetas, filósofos y pensadores eligieron la vía del suicidio. Todos en la línea de la razón y la locura, de lo racional y emocional, de las adicciones y la fama. Todos en un contexto social específico. “El único problema filosófico verdaderamente serio es el suicidio”, escribió Albert Camus. Suicidas han habido muchos, y no todos famosos.
Durkheim nos muestra en su libro “El suicidio” muchos de estos que son, quizá, los importantes. El resto son eso: suicidas famosos. Nos cuenta Durkheim que en una garita un soldado se dio un tiro, a este le siguieron quince suicidios más en el mismo lugar. Una vez derrumbada la garita los suicidios cesaron. Suicidio por contagio, es como lo define este sociólogo francés. La vida matrimonial, contrario a lo que pueda pensarse, no es un factor de suicidio, pero sí la soltería. Conforme avanzan los años y alguien permanece soltero, tiene más tendencia a suicidarse que una persona que adquiere responsabilidades hogareñas. Es decir, los hijos, los pagos, los horarios, el trabajo y la presión conyugal no vuelve a los humanos menos propensos al suicidio, al contrario: levanta nuestro instinto de preservación.
Hay cinco propensiones suicidas infalibles: la guerra, la viudez, la melancolía, la crisis económica y la locura. Hay un género más suicida: el masculino, por razones culturales patriarcales, meramente, de lo contrario sería el género femenino el de mayor índice de suicidio. Otra historia real: un hombre adinerado se suicida dejando a sus siete hijos una herencia lo suficientemente basta para llevar una vida tranquila y lujosa, los siete hijos se suicidan en los cuarenta años posteriores al auto aniquilamiento del padre, ¿suicidio por herencia? Durkheim apuesta por lo social como el factor más influyente de todo suicidio, aunque deja sesgos dudosos en algunos casos, como en éste último. Otro factor infalible: la neurastenia. Los neuróticos están más propensos al suicidio, más no a la locura. Recordemos que el neurótico, precisamente por su condición de extrema afectación que siente del exterior, permanece más atado a la realidad que un esquizofrénico, el cual disocia realidades debido a su maravillosa y tormentosa imaginación. Sin embargo, uno por realidad y otro por fantasía en demasía están al borde del autoexterminio. Nos dice Durkheim sobre el neurasténico: “Su debilidad muscular, su sensibilidad excesiva, que le hace incapaz para la acción, lo predisponen, por el contrario, para las funciones intelectuales, que también reclaman órganos apropiados”. Otro mito: el alcoholismo, éste no es un factor medular en los suicidas. Países con alto índice de alcoholismo como Dinamarca, poseen índices más bajos de suicidio que los que mantienen un índice de alcoholismo en menor escala. Otro mito: los suicidas no prefieren el frío, ni el otoño, ni el invierno, sino la primavera. Recuerdo el poema “Last poem” de Alberto Caeiro, uno de los heterónimos de Fernando Pessoa: “Es, quizás, el último día de mi vida./ He saludado al sol, levantando la mano derecha,/ pero no lo he saludado para decirle adiós./ He hecho una señal de que me gustaba verlo todavía, nada más.” Recuerdo, también, el cuadro “Morning sun” de Edward Hopper, en el que una mujer mira melancólicamente el amanecer desde la ventana de un cuarto de hotel.
Rasgo: el suicidio altruista es aquel que se comete porque existe un amor más intenso que el que se tiene por uno mismo, generalmente se le tiene a una causa social o a una idea. Un ejemplo claro de este tipo de suicidio es el ejército. Mishima, me parece, está inmerso en este tipo de suicidio, pero no plenamente, basta con leer su libro “Confesiones de una máscara”, su novela autobiográfica donde nos relata su placer por el dolor y la violencia, ambas mezcladas con su condimento ideal: el sexo. Otro ejemplo de este tipo de suicidio es el de las culturas prehispánicas al ser colonizadas, muchos mesoamericanos se suicidaron al mirar su pueblo destruido. Tan grande era el dolor de la imagen que estaba frente a sus ojos que eligieron quitarse la vida. Cuenta Esquirol citado por Durkheim: “Los historiadores aseguran que los peruanos y los mexicanos, desesperados por la destrucción de su culto se mataron en tan gran número, que perecieron más por sus propias manos que por el hierro y el fuego de sus bárbaros conquistadores”. El melancólico es un tipo de suicida que Durkheim agrupa en los “egoístas”, quienes en un destructivo aislamiento canalizan su vida narcisistamente, contemplándose únicamente a ellos mismos: “Aquél, cuya completa actividad se convierte en pensamiento interior, se hace más insensible a todo lo que le rodea. Si ama, no es para entregarse, para no unirse en unión fecunda, a otro ser fuera de él; es para meditar sobre su amor. Sus pasiones sólo son de imágenes, sin producir nada que les sea exterior.”
Susan Sontag, en su ensayo “El artista como sufridor ejemplar” adjudica al cristianismo la sufrida y suicida vida del poeta italiano Cesare Pavese; este sufrir para demostrar amor, tal como lo hizo Cristo. Durkheim no deja la religión de lado: “Si nos queremos sustraer a esta causa de error, y determinar con más precisión la influencia del catolicismo y la del protestantismo sobre la tendencia al suicidio, es preciso que comparemos ambas religiones en el seno de una misma sociedad”. No olvidemos que el cuadro depresivo consumado consta de cuatro etapas: tristeza, aislamiento, melancolía y suicidio, Pavese cumple cabalmente con este cuadro. Por último, debemos considerar que el libro de Durkheim fue publicado en 1912, el suicidio ha cambiado a lo largo de un siglo. No obstante, es la obra más completa que se ha escrito sobre el tema y ha mostrado, desmentido y desmitificado muchas idealizaciones que tenemos sobre los suicidas. Actualmente el libro está publicado por las editoriales Colofón y Fontamara en aceptables traducciones, son de fácil encuentro en cualquier librería judía, del Sótano, del Fondo o afines. Sea esta columna una breve incitación para adentrar al lector al tema y a sus referencias bibliográficas.
Noviembre 2013

¨El suicida¨, Manet. 1877.
LA BARAJA DE HOY - UNA DE FUTBOL


Argentina y Alemania son dos de los países que más han utilizado, políticamente, a este deporte; el primero en el mundial de 1978, en el que Argentina se coronó campeón venciendo 3-1 a Holanda bajo la dirección técnica del llamado “filósofo del futbol”, César Luis Menotti, pero afuera, a unos metros del Estadio Monumental, la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) realizaba torturas a los desaparecidos durante la dictadura del presidente Jorge Rafael Videla, el cual encabezaba el proyecto “Proceso de Reorganización Nacional”, planeado por gente de la milica, misma que le asignó el cargo. Es tétrica la escena de miles de personas gritando con algarabía “gol” mientras, simultáneamente, el grito de dolor de un torturado coexistía a poca distancia. Así fue. El mediocampista argentino, Osvaldo Ardiles, que jugó este mundial, opinó años después sobre su participación mundialista: “Duele saber que fuimos un elemento de distracción”. El mismo dictador Videla fue el encargado de dar, con sus propias manos, la copa del mundo a sus compatriotas, mismas manos con la que ordenó torturas.
Alemania, por su parte, fue el campeón del mundo en 1990. Un año previo el muro de Berlín había sido derrumbado, el cual dividía a la ciudad en dos: este y oeste. Esta división se debía a diferencias ideológicas entre los ciudadanos fascistas y los aliado capitalistas y comunistas, en un época denominada como “la guerra fría”. La caída del muro levantó la libertad de consumo y el demonio del capital, la individualidad y las jerarquías. Nada mejor para darle la bienvenida al nuevo sistema que la obtención de un campeonato mundial de futbol, una alegría, paradójicamente, brindada por un equipo, por una colectividad, pero también por una de las actividades más consumistas de la época contemporánea: el balompié.
El futbol surgió en Inglaterra. Un deporte frío, nublado, menos impactante que el futbol americano, las artes marciales o el box, menos violento, también, que estos tres. Es un deporte templado, originario del mismo lugar donde germinó el puzzle, Pink Floyd, Charles Darwin, Radiohead, y la hora del té. Es un deporte de precisión, condición física y asertividad. Es, entonces, un deporte muy inglés. Sin embargo, el futbol se enriqueció al ser exportado a América, pues se contagió de la pasión latinoamericana y, la mejor selección del mundo, Brasil, se encuentra en el cono sur del continente americano. Así es, por más garra e hinchada arrogante argentina que exista (de la cual soy seguidor), debemos reconocer que el futbol más bonito y espectacular se juega en Brasil, y eso basta. El resto, incluyendo México, son, han sido siempre, selecciones menores, futbolísticamente hablando. La cadera del futbol es brasileña. El ritmo, como el jazz y el blues, pertenecen a una raza específica. El futbol es, ha sido siempre, una herramienta de alienación social, un distractor y manipulador de masas, al mismo tiempo que es una herencia que no entiende de estatus ni condición social, ya que se puede jugar futbol con un balón de cuero o de lata, con una bola de papel o de hule. Probablemente, si tiene que revelarse al universo un deporte terrenal sería el futbol.
EL MITO EUROPEO
Desde Hugo Sánchez hasta Chicharito Hernández es que surgió el mito del futbolista europeo que por fortuna, ahora, está desmitificándose. La calidad profesional de un individuo, en este caso la de un futbolista, no depende de nacionalidades, sino de dos aspectos: talento y sociedad. Si un Chicharito Hernández o un Giovani dos Santos son talentosoz, pero socialmente está inadecuadamente manejados –dentro de un sistema de normatividad ética, digamos-, pasa lo que hemos visto en los últimos partidos de la selección mexicana: jugadores de marca, de firma, de nombre, jugadores modernos -en la connotación histórica de la palabra-, tal cual, producto de la individualidad; si un Carlos Vela es talentoso, pero socialmente está soldado a la idea de que jugar en europa lo vuelve mejor futbolista está, me parece, ensordecido; si un Aquino falla pases de trámite dentro de un campo profesional de futbol está, me parece, mudo. Estoy seguro de que estos errores son cuestión de una actitud ideológica, social, más que de una que tenga relación con la habilidad y la técnica. Así, con esas pésimas características de juego, nuestros ciegos, sordos y mudos seleccionados mexicanos compitieron en las eliminatorias de la CONCACAF para ir al mundial, precisamente, de Brasil 2014. Con un movimiento de cancha mediocre, con falta de carácter y excedidos de publicidad y mercadotecnia, es como los seleccionados mantuvieron al país fuera del mundial durante algunos agonizantes y largos minutos en su partido contra Costa Rica, problema que, curiosamente, resolvieron los gringos al ganarle 3-2 a Panamá y de esta forma darle, regalarle, el pase al mundial a los mexicanos, en lo que es ya un relato vergonzoso. No hay nada peor para un muerto que ser resucitado por su enemigo y éste, tras salvarlo, vanagloriarse y decirle “you´re welcome” en su cuenta oficial de twitter.
EL SHOCK DEL FUTBOL
En los ejemplos de Alemania y Argentina mencionados anteriormente, vimos que el futbol fue un “mantener contento” a la sociedad con la mentira de la felicidad, algo muy común en el capitalismo. México, antes de su atroz retroceso actual en el futbol, aparentemente estaba relegándose de su torpeza futbolística en la historia de este deporte, las goleadas que le eran recetadas en sus primeras participaciones mundialistas comenzaban a tornarse sólo como recuerdos y no como vivencias (no olvidemos que en su primer partido de copa del mundo México perdió 4-1 frente a Francia), ahora, sin embargo, el mal futbol parece haber resucitado en pastos aztecas.
El futbol mexicano es, literalmente, una novela de televisa. Es difícil, cuando a uno le gana el gusto y la pasión, pensar que, como afirma el filósofo francés Jean Braudillard, todo es un simulacro, una simulación. La doctrina del shock, muy ligada a la simulación, tiene sus orígenes en los postulados del economista estadounidense Milton Friedman, premio nobel de Economía, bajo críticas, en 1976. El shock, palabra del inglés que significa “impacto”, “colisión”, forma parte de la expresión “electro-shocks” que, como todos sabemos, fue un tratamiento para pacientes psiquiátricos durante la primera mitad del siglo XX antes del hallazgo de ansiolíticos, antidepresivos y demás medicamentos posmodernos. Entonces, al loco en crisis se le calmaba con un impacto violento en el cerebro por medio de esta técnica, que no era otra cosa más que descargarlo eléctricamente para provocarle convulsión, confusión, miedo y por ende, y, finalmente, calma. En una sinécdoque ideológica y no coporal, el shock se utiliza para confundir y provocar miedo social, económico, vital, etc, y por consecuencia, calma, control.
La doctrina del shock, políticamente escribiendo, fue utilizada por los estadounidenses e ingleses, quienes la introdujeron en América Latina, específicamente en Chile, con la colaboración y lealtad del dictador Augusto Pinochet, esto en la década de los 70´s del siglo pasado. Entonces, el golpe de estado chileno durante el gobierno de Salvador Allende, en 1973, fue una estrategia de shock planeada y ordenada por Estados Unidos. Los chilenos fueron los chivos expiatorios de esta estrategia. Margaret Thatcher, quien aplicó el shock en Inglaterra poco tiempo después del experimento estadounidense en sudamérica, le dijo a Pinochet en televisión abierta: “sabemos cuánto le debemos”, en una escena siniestra, pues ambos aparecen seniles, cargando en su consciencia violencia y muerte.
Sucede esto: se escenifica, dramatiza, realiza, según el caso, un evento extraordinario para combatir una situación ordinaria. Por ejemplo: si Estados Unidos desea petróleo inventa una guerra para obtenerlo. Practica lo mismo que ataca: terrorismo. Autodestruye sus fálicas torres gemelas en un aparente acto terrorista realizado por oriente y va a Irak, destruye ese país y “libera” a su pueblo. Engaño, simulacro, simulación. Los intereses reales son otros, como el petróleo.
Ejemplo nacional: los maestros de México toman el Zócalo capitalino, son desplazados por la policía. Simulacro: infiltrar falsos “anarquistas” para provocar miedo en la sociedad y en los manifestantes. En el segundo acto los manifestantes pretenden tomar el Zócalo de nuevo. Llueve, azarosamente. Tragedia nacional. Simulacro: intensificar la catástrofe mediáticamente e instalar en todo el Zócalo centros de acopio para los damnificados, de esta manera se imposibilita a los maestros el retomar la plaza y, entre otras situaciones, cancelar la segunda feria del libro más importante del país, después de la de Guadalajara. No lean, tengan miedo. Valerse de la desgracia de otros, como en este caso, sigue siendo un aliado importantísimo de la teoría del shock. La desgracia, al verla en los demás, fomenta el miedo y estimula el deseo de evitarla. Lo mismo sucede con la publicidad en la televisión: miedo, miedo, miedo; compra comida, tecnología, belleza, medicina, evita enfermedades, compra, cuídate, contrólate, embellécete, actualízate, mantente sano, compra, protégete, consume por miedo. Toda frecuencia crea adicción: necesitamos sentir miedo, y los que tienen el poder saben bien cómo infundirlo.
Noviembre 2013
LA BARAJA DE HOY - UNA DE BECAS LITERARIAS EN MÉXICO
Donde existe una vanguardia, generalmente encontramos también una retaguardia. Sin duda alguna –simultáneamente con la entrada de la vanguardia, un segundo y nuevo fenómeno cultural apareció en el Occidente industrial-: la cosa a la que los alemanes le dieron el maravilloso nombre de Kitsch. Kitsch es experiencia sustitutiva y falsas sensaciones. El kitsch cambia según el estilo, pero siempre es el mismo. El Kitsch no pretende exigir nada de sus clientes excepto su dinero –ni siquiera su tiempo-.
Clement Greenberg, Avant-Garde and kitsch (1939)
Actualmente: ¿escribir para obtener becas? ¿Escribir para ganar concursos? ¿Escribir para el estado? ¿Escribir para qué o para quién? ¿Escribir para aparentar? ¿Escribir para patentar? Todo escritor desea ser leído. Ningún buen escritor, consciente de su talento, es egoísta con él. No. Emily Dickinson o Kafka, autores reconocidos post mórtem, querían ser leídos, no lo dudo. El encierro y aislamiento de estos dos autores durante su vida fue meramente una cuestión de personalidad. Sé, estoy seguro, que cuando Kafka pidió a su amigo Max Brod que quemara su obra se trataba de una broma. Hay que ser absolutamente leído, ¿hay qué ser absolutamente becado? Esta parece ser la primicia de la modernidad y, como toda secuencia modernista, la duda y desilusión del posmodernismo es inevitable. El pasado ha sido permeado por la desesperanza del presente y las becas literarias no han sido excluidas de este proceso, pues como invento modernista que son viven ahora las consecuencias de la condición humana: corrupción, sometimiento, violencia, discriminación, compadrazgos y dudas sobre su autenticidad como jueces en esta “legitimación del artista”.
Octavio Paz fue, es, un gran poeta, lo pensamos y sabemos todos. Paz nunca tuvo una beca del FONCA como “Joven creador” y, mucho menos, una beca de la Fundación para las Letras Mexicanas, fundación que en un inicio llevaba su nombre, supongo que por estar parte de su dinero inmiscuido en el germen de este proyecto ahora, por cierto, con cambios de nombres y hombres. Tampoco fueron becados como “Jóvenes creadores” ni como miembros de la “comunidad” de la FLM: Villaurrutia, Abigael Bojórquez, Efraín Huerta, Francisco Hernández, Sor Juana Inés de la Cruz, López Velarde, Jorge Cuesta, Juan Rulfo, Patricia Medina, Gilberto Owen, José Juan Tablada, Antonio Deltoro, Manuel Acuña, Alfonso Reyes, Rubén Bonifaz Nuño, Carmen Alardín, José Carlos Becerra, Revueltas, Vasconcelos, Novo, García Ponce, etc. Nadie fue becado antes de 1989 o del 2003, la primera fecha corresponde a la creación del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y la segunda a la de la Fundación para las Letras Mexicanas. Ambas otorgan, en mayor o menor medida, de menor o mayor calidad, becas literarias a escritores menores de 30 y 34 años, en mayor o menor medida, creativos y talentosos. Ambas son turbias. Ambas son un sistema. Una gubernamental, otra privada; una gubernamental, otra también; una privada, otra también. Ambas son soberbias becas. Ambas son prestigiosas, buscadas, codiciadas. Ambas son México. Ambas son un perfil del arte de México. Ambas son el arte que el estado quiere proyectar a sus ciudadanos y a los ciudadanos de los demás países (que también tienen becas y becarios). Ambas son dudosas. Ambas, como toda distinción y prestigio, dan mano a la duda.
La mayoría de los becarios literarios no estudiaron una carrera en letras, literatura u otra afín, en cambio, si estudiaron, fueron leyes, administración o comunicación, u otras, pero eso es irrelevante. Algunos son escritores natos, otros no. Unos estudiaron Letras, Filosofía u otra carrera (sea lo que sea tal etiqueta) parecida. Y muchas combinaciones más. ¿Qué hacía un escritor mexicano antes de que existieran las becas? Esto: 1. Trabajar en una farmacia, castrarse y suicidarse en la habitación de un psiquiátrico. 2. Ser publicista y escribir libros de publicidad y poesía (gemelas nacidas en el siglo XX). 3. Escribir para periódicos, beber en exceso y frecuentar prostitutas francesas en la Ciudad de México. 4. Estudiar leyes en San Luis Potosí y, muerto el padre, pedir apoyo económico a los tíos. 5. Morir a los 33 años. 6. Ser diplomático. 7. Escribir Poesida. 8. Ser diplomático, de nuevo. 9. Fundar editoriales. 10. Japonismo. 11. Impartir talleres de creación literaria. 12. Dar clases en escuelas públicas y rurales.
La publicación es un parto. Las becas son, en ocasiones, la manutención de este proceso de embarazo pero, ¿cuántos de los becarios del FONCA o la FLM terminan un libro durante su período de beca?, ¿cuántos utilizan, realmente, el dinero y el tiempo para escribir?, ¿cuántos abortan su obra? Las becas para creadores literarios son el paro cardíaco del silencio, pero no garantizan que la voz (vena yugular del escritor) perdure en los lectores posteriores a su muerte. En la metafísica de la obra sucede, al ser becado, un cambio de dimensión, un andamio. Esta nueva vitalidad se escribe desde la despreocupación monetaria, sin embargo, al ser becado los conflictos son otros, no hay nada peor para un escritor que tener dinero, pues lo utilizará “mal” y, como se dice popularmente, lo “malgastará”. En su eterna búsqueda del dolor, el amor, el fracaso, el éxito y la intensidad, el dinero del creador becado se va en libros, vicios, películas, música, excesos e inmoralidades. Este artista como sufridor ejemplar que bautizó Susan Sontag, es el heredero del cristianismo, de la canonización y de éste sufrir para demostrar amor, arte, talento, don, mesianismo.
El adjetivo, cuando no da vida, mata es un verso del poeta chileno Vicente Huidobro. La beca, cuando no da vida, mata. Afirmo. Si se escribe para tener reconocimiento y legitimación de instituciones que son las que –por diversos intereses- designan quiénes son artistas y quiénes no, estamos siendo la mirada del toro sobre la capa roja del torero, es decir, estamos siendo engañados, y cabe recordar que la plaza no es únicamente el torero, sino todo lo que la habita; el espectáculo continúa cíclicamente con más de un muerto, generalmente el toro, aunque hay excepciones. Algunos escritores consideran que la postura más inteligente ante las becas es anteponer el individualismo y decir: obtengo la beca para crear mi arte independientemente de pertenecer o no a las comunidades y gremios sistematizados que las otorgan, “yo me beneficio y que el mundo ruede”. Postura capitalista, por lo tanto, egoísta, pero quizá la más saludable en nuestros miedos modernos, porque México continúa en la modernidad, retrasado aproximadamente medio siglo ante los países del “primer mundo”.
Amar es combatir es un verso del también conocido como el poeta de Mixcoac, un modernista, paradójicamente, ecléctico. Quizá Octavio Paz fue, en realidad, un posmoderno, si de teoría de arte se trata, pero en su autorretrato fue un moderno absoluto. Hay que ser absolutamente moderno, escribió Rimbaud. El nobel mexicano vivió ese verso del poeta francés bajo la protección de la modernidad, es decir, sin ser un maldito, sino más bien un hombre alineado, y alieneado, cobijado por la modernidad y lo que implica ésta: éxito, estatus, progreso. Escribir es combatir, también. Afirmo.
Todos decimos: nadie lee la poesía de Paz. Sí: nadie recuerda a Paz como poeta, sino como ensayista y nobel, como si éste último reconocimiento fuera para él lo que un sombrero para Magritte, un bigote para Dalí o unas gafas de luna llena para Lennon porque, ciertamente, eso es el nobel: una insignia. Lo de no leer poesía, la de Octavio o cual sea, es entendible en un mundo en el que, y coincido, hay cosas más importantes en qué ocuparse. No obstante, los que a ratos andamos en esto admiramos la poesía de Paz. Todos hemos visto su fotografía en la que aparece, joven, con el pelo electrizado, o aquella en la que está junto a un árbol al lado de Xavier Villaurrutia, su maestro. Estas imágenes también son poesía. En un poeta todo debe de ser poético. En Paz encontramos un ejemplo contundente y moderno (sobre todo moderno) de la emancipación de la obra y los medios por los cuales se obtienen ambas circunstancias.
A algunos, lamentablemente, nos ha vencido más de una vez la pasión y la sensiblería, el personaje, la herencia romántica, maldita: la estructura y, ¿por qué no?, nuestra mala poesía. Quizá ser un joven creador becado implica una racionalidad ajena a lo artístico, habilidades burocráticas, empresariales, de mercado. Obtener una beca nos vuelve, más que artistas, oficinistas, listos para encaminarnos al bigote, al sombrero, a la luna llena, a la insignia y, al fin, al consumo y la consumación.
Septiembre, 2013.

LA BARAJA DE HOY - UNA DE SICARIOS


Él fue una de las primeras personas que he visto cortarle la cabeza a alguien; le quitó la cabeza sólo con disparos, le disparó más de cien doscientos o trescientos cartuchos, y le estaba diciendo a todo el mundo: así es como se mata a alguien (...) Una vez Miguel Treviño estaba torturando a alguien, se trataba de dos hermanos, y él hizo que un hermano matara al otro, dijo: mira, sólo uno de ustedes dos va a vivir, así que tú matas o el otro te mata, así que decide.
Lo que acabamos de leer es el fragmento de una entrevista realizada a Rosalío Reta, sicario que trabajó para Miguel Treviño, el z-40, aprehendido por las autoridades de México el pasado 15 de julio del 2013. Este personaje fue el brazo derecho y sucesor de Heriberto Lazcano Lazcano, alias El lazca, líder del brazo armado del Cártel del Golfo: Los Zetas, quienes después formaron su propio cártel. Estos dos hombres son, probablemente, los hombres más violentos en la historia del narcotráfico en México. A diferencia de Edgar Valdés Villarreal, La Barbie, acérrimo rival de los dos anteriores y quien, presuntamente, según testimonios y su propia declaración al ser detenido, sólo fungió como autor intelectual de homicidios y torturas al servicio del Cartel de Sinaloa y no como autor físico, corresponde, por lo tanto, a los dos primeros personajes mencionados y, dignos de aparecer en una película de Tarantino, liderar el ranking de la violencia en México si de grupos criminales se trata. Los dos, en un principio, estuvieron al mando del fundador del Cártel del Golfo, el narcotraficante, ahora extraditado a Estados Unidos, Osiel Cárdenas Guillén.
Sin embargo, los Z formaron su propio cártel y se deslindaron de la organización de Osiel Cárdenas. En la otra esquina del cuarto de tortura está, como ya dijimos, La Barbie y el Cártel de Sinaloa, uno de los tradicionales grupos del narcotráfico en México, organización que muchos consideran ha tenido, a lo largo de sus más de 30 años de existencia, pactos y acuerdos con presidentes de México y gobernadores de los estados de dicho país. El Cártel de Sinaloa está liderado por Joaquín Guzmán Loera, alias El chapo Guzmán, quien fue capturado en 1993 y escapó de un penal de alta seguridad en 2001, en un acto de completa impunidad e inteligencia por parte del capo. La Barbie trabajó para El chapo Guzmán y llegó a dicho puesto por recomendación del narco Arturo Beltrán Leyva en una de sus múltiples alianzas. No existen relatos ni leyendas escritas o filmadas en los que éste criminal, La Barbie, nacido en Estados Unidos, aparezca cortando la tráquea de un contrario o disparando en la sien de un rival, sí en cambio aparecen sus empleados cometiendo dichas acciones. Hay videos en los que La Barbie, sin tapujo alguno se asume como el autor intelectual de torturas, castraciones, decapitaciones y golpizas que suceden durante 5 o 20 minutos que dura cada filmación en 8 mm, y es común que en sus videos, con un fuerte terrorismo psicológico –videos provenientes de oriente e introducidos por él a nuestro país -, aparezcan al final, en manos de sus asesinos, carteles en los que leemos cosas como: “Esto les va a pasar a todos los Z” o “Bienvenidos” y debajo el “Atte. La Barbie".
La rivalidad entre estos dos grupos comenzó en los años 90`s y persiste hasta nuestros días con algunos cambios. La Barbie, antes de su detención, por ejemplo, ya era el líder de su propio cártel, habiendo cortado vínculos con El chapo Guzmán. Heriberto Lazcano, El verdugo, en cambio, está rodeado de testimonios y leyendas que lo posicionan como un completo artífice de la tortura intelectual y física; por otro lado, el z-40, su brazo derecho y sucesor, es descrito como un asesino impulsivo y violento, menos calculador quizá, pero con un carisma de líder. La veracidad o no de todo lo que se lee sobre ellos los ha convertido en dos leyendas de esta sangrienta, y aún viva, época de México. Lazcano desertó del ejército mexicano para enfilarse en el Cártel del Golfo tras siete años de pertenecer a las fuerzas armadas de ese país. Dicen que Lazcano suele, o solía, encerrar a sus propios trabajadores cuando éstos tenían alguna falla laboral, dicho encierro consistía, o consiste, en no comer ni beber agua y permanecer en completa obscuridad durante semanas, de esta manera garantizaba la lealtad a su organización criminal y la precisión de su gente en siguientes encargos. El Z-40, como leímos al principio de este texto, es, o era, más inmediato, quizá más “moderno”, prefería el momento: sentir la energía de un arma o mirar a dos hermanos matarse a golpes, no hay una sucesión lenta ni una larga provocación psicológica, sino una sucesión inmediata del presente.
La historia del narcotráfico en México puede dividirse, en cuestión de registros, en dos: antes y después de la aparición del video como herramienta atemorizante y de intimidación hacia organizaciones rivales (1994) y dos, las fechas en las que el narco, además de traficar drogas, comienza a extorsionar, secuestrar, robar, tratar personas y traficar órganos, entre otras actividades delictivas, aproximadamente a partir de los 90`s. La presencia económica del narcotráfico en México es, de verdad, de una doble moral y una producción impresionante, pues el dinero proveniente del narco ha pagado y hecho pueblos, iglesias, escuelas, armas, empresas, fraccionamientos, y todo lo imaginable. También es importante observar que, en las capturas del gobierno de Calderón, existe una clara tendencia hacia los cárteles del noreste de país, lo cual hace dudar a muchos sobre la equidad de la guerra. Hay que considerar que, según analistas, algunos criminales no son aprehendidos, sino protegidos por el gobierno a petición de algún cártel aliado con las autoridades que, ante el miedo por el asesinato de algunos de sus integrantes por parte de alguna organización rival, acuerdan con el gobierno encarcelarlos y "cuidarlos" a cambio de información (de una manera similar opera el gobierno estadounidense, con la diferencia de que en nuestros vecinos del norte sus ciudadanos son inocentes hasta demostrar lo contrario y, en México, sus ciudadanos son culpables hasta demostrar lo contrario).
Es siniestro, respecto a la manera de operar del crimen organizado, lo que ocurre en México desde, más o menos, principios de los 90`s. Lejos quedaron los hermanos Arellano Félix, el ahora liberado Caro Quintero y el Señor de los Cielos, Amado Carrillo, del que se encontraron propiedades en Querétaro conectadas por túneles, así como fotografías de primeras comuniones y demás eventos familiares del capo llevados a cabo en diversas iglesias de esta entidad. Estos primeros capos son, incluso, aceptados por la sociedad, considerados como respetuosos con los ciudadanos y vistos únicamente como traficantes de drogas y no como asesinos de inocentes, ni como extorsionadores, secuestradores, ni otras clasificaciones. Recurrir a la ficción en una situación de terror y violencia como la que vive México es inevitable, digámoslo, por salud mental, entonces: ¿qué creer y qué no de todo lo que se mira en internet, en los dos monopolios de los medios de comunicación, en lo blogs, en las redes sociales, en las películas y novelas de moda aclamadas (por estrategia de estado) en Cannes o en los premios nacionales literarios que hablan sobre la guerra que emprendió Felipe Calderón?, me parece que sólo una cosa: sus muertos. Fuera de cualquier especulación y de ser cierta la muerte de Lazcano por parte de la marina, podemos afirmar que fue el mejor golpe de Calderón en su "guerra contra el narco", mas no un golpe letal.
Louis Feerdinand-Céline, el gran escritor francés, médico, fascista y practicante de abortos clandestinos, en una entrevista comenta: Sería simple, si nadie se reclutara para ir a la guerra no habría tal, pero a la gente le gusta matarse. He visto a médicos hacer cosas sospechosas, a automovilistas manejar de una manera sospechosa, buscan, crean la muerte. Nada personal, naturaleza humana. Si la civilización nos vuelve malos, como afirmaba Rousseau, quizá debamos reconsiderar la idea de éste filósofo sobre llevar una vida silvestre y alejada de todo bien material y de toda sociedad, algo casi imposible en el siglo XXI, me parece. ¿Es, realmente, la obtención de dinero el único móvil por el que un o una joven decide matar personas y no estudiar o trabajar de cualquier otra cosa? No lo creo.
Septiembre, 2013.