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PERMANENCIA VOLUNTARIA, VIÑETAS DE UN ESPECTADOR

  • 25 abr 2018
  • 4 Min. de lectura

HOY: ¨UNDER THE SKIN¨ (2013), DIR. JONATHAN GLAZER ADAPTACIÓN DE UNA NOVELA HOMÓNIMA DE MICHEL FABER

I de V: EL AMOR COMO DEVORAMIENTO

Una mujer sensual recorre la ciudad de Glasgow, Escocia. Lo hace con la piel y el rostro de Scarlett Johansson como disfraz. Lo hace arriba de una furgoneta. Busca hombres. Más que su semen, desea su piel. Allí comienza la primera metáfora de este horror film dirigido por Jonathan Glazer (1965-), estampado también por dirigir videos de la banda inglesa de rock, Radiohead. Este primer símil: el amor como devoramiento, es desarrollado en esta película por medio de una caza de hombres y pieles, ¿por qué una mujer necesita la piel de otro? Hay un motivo tajante en la mujer sin nombre de este filme: sobrevivir. Sin matar y desollar moriría. Alimento peligroso en una sociedad mediáticamente anticaníbal. Esta insignia antropófaga es la más significativa con respecto al género de horror dentro de la estética de la cinta, sin embargo Under the skin lo rebasa o, desglosado: no le interesa la conservación de la etiqueta, al menos no más allá de la pestaña de la antología, de allí la elección de Johansson para el protagónico y no la de Gema Arterton, quien había sido elegida inicialmente, la Viuda Negra garantizaba una proyección global y contundente. Es cierto que la película contiene los elementos clásicos del horror film: persecución, asesinato y venganza, pero su propuesta estética e ideológica transgrede dicha clasificación para convertirse en una obra maestra del cine con planetas visuales que van desde Kubrick hasta Tarkovski con un satélite hermoso: la música compuesta por la joven transexual Mica Levi (1987-). Es, de manera aguda, una película extraña desde todos sus vértices.

El personaje femenino que caza hombres, y del cual nunca sabemos su nombre, es una alienígena que necesita no sólo la piel humana como disfraz sino del cuerpo humano como alimento. Los desollamientos y descuartizamientos no son explícitos, son mostrados por colores, siluetas y trasfondos obscuros, galácticos, marinos y blancos. La película entera es un viaje poético por la mente humana a partir de las sugerencias simbólicas que muestra cada encuadre a través, paradójicamente, de la cotidianidad de una extraterrestre. En esta viñeta: el amor como devoramiento (esta última palabra, por cierto, un sustantivo abstracto no reconocido por la RAE y substituido por ¨devoración¨-que es menos musical-), la sensual mujer seduce hombres montada en su furgoneta y ofrece llevarlos a su destino mientras les pide orientación para llegar a una cita falsa, algunos hombres ceden y abordan, conversan; otros prescinden y caminan, andan. Los cazados son llevados a un escenario de óleo oscuro y, mientras se desnudan y persiguen la espalda de la mujer, se hunden en un agujero negro terrenal. Esta persecución que tiene como antecedente griego a Orfeo y Eurídice, es la inevitable persecución entre amante y amado, entre consumación y pérdida. Escribe Pavese en el diálogo El inconsolable: ¨Pensaba en aquel hielo, en el vacío que yo había cruzado y que ella llevaba en los huesos, en la médula, en la sangre. ¿Valía la pena revivir aún? Lo pensé, y vislumbré el resplandor del día. Entonces dije: ¨Acabe ya¨, y me di la vuelta. Eurídice desapareció cual se apaga una vela. Sentí sólo un chillido, como de un ratón que escapa.¨ En Under the skin la persecución es constante y los amantes son seducidos y devorados al perseguir la espalda de una mujer hermosa o los pies del instinto de sobrevivencia con uñas humanas. La mujer experimenta una conexión afectiva con un hombre que padece neurofibromatosis, Adam Pearson, es el provocar miedo y desconcierto en los demás, compartir la rareza, la extrañeza, el rechazo, la clandestinidad y la mano de la muerte a la vuelta de cada día lo que los une sin maquillaje, los empatiza, en una relación sexual y sensible de la que no surge ninguna víctima, ninguna piel, ninguna comida, ningún devoramiento. El hombre con neurofibromatosis no es asesinado, una metáfora sobre el amor sin plásticos: la comprensión de la soledad entre dos. Johansson también experimenta el amor humano con un hombre que conoce en el transporte público quien, al verla desorientada la hospeda en su casa con calidez, atención y erotismo. Entonces Scarlett saborea el amor en el hambre, en la luz sobre las objetos y las paredes, en el silencio y la conversación, en la voracidad de piel a piel. El amor, como sensación extraña que es, otro vértice de la figura bajo la carne de esta carne, nuestra visceralidad, es un amante más: un motociclista asesino que procura cadáveres a la protagonista y la persigue sin encontrarla en una devastadora persecución de amor y protección hacia el otro; dos seres extraños y ajenos del mundo se cuidan y preservan en medio de una humanidad hostil que desemboca en el desenmascaramiento de los prejuicios del espectador y muestra la miseria humana cuando se enfrenta a lo que no conoce mientras en el cielo invernal blanco helado se disuelve un aliento negro: escritura del incendio de una alienígena asesinada por los miedos de un violador humano. Abril/2018

Fotograma de ¨Under the skin¨.
¨Espectador¨, marzo/2018. Por: Luis Enrique Aguirre


 
 
 

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