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PEEPING TOM EN EL FUEGO

  • 15 ene 2020
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 4 jul 2022

PEEPING TOM EN EL FUEGO

De mi lado una lata de refresco junto a una cajetilla de cigarros apretada con las manos -todo lo que termina se oprime y se abandona- mientras hablábamos e íbamos de la discusión al enfado y de la arruga en la frente al silencio de los dos. Minutos de silencio como tumbas que nadie visita. Así éramos: volcanes, intrusos, luego ataúdes. Cómplices. Confesionarios.

De tu lado una lata de la misma marca, del mismo sabor, idéntica a la mía. No más. Siempre fuiste breve. Eso: una lata vacía separada 120 centímetros de mi lata también abandonada -y la caja de cigarros sola-. Esa era la foto. Habíamos comprado pizza y comimos sin mirarnos en la calle como todo aquel que tiene miedo de la violencia del otro. Conocíamos ya el encierro y de lo que era capaz cada uno en los lugares para dos. Sobre todo tú. Siempre te temiste. Yo huía o te ignoraba, dormía sobre la mesa de un bar o sobre las camas de hoteles baratos que me partían la consciencia y el tiempo y la responsabilidad. Huir.

Viajé para verte. Viajé cinco horas. Esa vez. Viajé porque te quería. Porque te amaba. Porque también te veía en el espejo, a diario. Y en el semen de los mosquiteros. Y en el café sin tus dedos. No más. Porque nadie es como tú, por eso viajé. Esa vez.

Recuerdo que, al alejarnos, tomé una foto que no encuentro. Nos alejamos reconciliados y tomé la foto. La nombré: ¨Distancia¨. Te la mostré y lloraste sobre mis muslos, acariciándolos con sal. Ahora me doy cuenta que la perdí. La borré, seguramente, distanciado, en alguna separación, de tantas.

Busqué el significado de esa palabra ese mismo día que discutimos y volvimos. Significados que van desde la física hasta la psicología. El amor no entiende de interpretaciones ni de significados pero investigar nos acerca a no volvernos locos. Fue una de nuestras últimas reconciliaciones, también recuerdo eso.

¨Distancia¨, una foto de amantes que se aferran uno al otro cuando en la foto de la boca ya no quedan sino sal y muslos descalabrados. Fuimos felices a ratos a partir de. Me gustaba bañarte y fotografiarte desnuda con los ojos de Orfeo desprendidos.

¿Qué será de esos departamentos donde uno se deja descuartizado?

Fotos rotas en un episodio de furia o de celos, o de amor. También: ya no escribas ¨alma¨ porque todos la hemos perdido. Ya no escribas ¨amor¨ porque todos lo hemos perdido. Tómame fotos siempre. Sólo tú, dijiste. Hoy intenté recrear aquella imagen perdida y en lugar de latas coloqué nuestras fotografías juntos y les prendí fuego. Las titulé: ¨Alma y amor no se escriben¨. Aluciné tus facciones en el fuego, me acerqué a él para tocarte y en mis labios, casi beso casi lacerado, creí tu saliva y tus llamas, y grité tu nombre como se aúlla una pérdida y capturé imágenes, incendiado, sin que nadie me viera.


***

Ciudad de México

2017









 
 
 

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