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DETALLE DE AUTOR DE UNA ESCENA DEL PSEUDÓNIMO AMÉLIE POLAIN

  • 2 mar 2019
  • 3 Min. de lectura

Nació en Ciudad Arco en 1883.

Estudió una licenciatura en lenguas,

en español, claro, su lengua materna.

Pintó cielos con nubes sin relámpagos

porque el relámpago

era un libro en blanco

que dejó de serlo

(varias veces).

Publicó X en el 2006,

un libro que escribió desde su edad menor

y fue publicado a sus 23 años.

Antes de publicar ganó

el concurso estatal universitario de poesía

de su ciudad natal con una obra

que contenía 60 poemas.

Porque es diferente

escribir que publicar,

tienen diferentes ritmos y tiempos,

solía afirmar.

Al año siguiente volvió a ganarlo

con otro libro. Ambos permanecen inéditos.

Uno de sus poemas más célebres

lo escribió a los 17 años

y apareció en su segunda obra publicada:

Z. Ese poema

de ese libro

plantea un tumor compartido

entre padre e hijo;

siameses del dolor, se separan.

También habla de juguetes y grava.

Después escribió

otro poema célebre a los 19 años

el cual se publicó en Y, diez años

después de ser escrito;

esta fue su tercera obra publicada,

un libro que regaló

vía internet con descarga permanente

y que escribió

durante dos años

con la beca más prestigiosa del país

para jóvenes escritores.

Ese poema de ese libro

sugiere una violación dentro

del seno familiar. También habla del rímel.

A pesar de ser publicado

diez años después de ser escrito

el poema no fue comprendido,

pero Amélie cree en los lectores que vendrán.

Tras esa beca y delante de ella

se enamoró de una científica

por la cual abandonó a su novia

que lo había acompañado

más de una década;

también abandonó

su prestigio profesional

y su dignidad (trillado pero cierto).

La primera novia sonreía atardeceres

que pintaba sobre lienzos

color naranja

y tenía duraznos en la entrepierna,

le deseó incesante cansancio

tras el abandono.

Cumplido el deseo, se cortó los labios.

Era relevante el amor intenso

que sus parejas solían mostrarle,

mezcla de deseo y odio

e incondicional lealtad y cariño.

Pero el amor es un lunar

de varios cuerpos

y tras una unión libre

de 5 años junto a la ciencia,

15 años, entre ambas mujeres

-esa combinación infernal

que anhelaba Cuesta-

y tras un intento de caída en la muerte,

se volcó

a su época más triste y solitaria.

Hundido en la calavera que no encontró

entre la ansiedad, la adicción y las pérdidas,

estudió una maestría en literatura y arte

con otra beca y sin tumores.

Acusado de apología del delito

e incitación a la violencia

por escribir una obra terrible,

esquivó grandilocuentemente

insultos y demás deseos reprimidos

y perversiones

de excitados lectores

con la mutilación de su lengua,

es decir, calló,

pero no dejó de escribir.

Tampoco volvió a enamorarse ni a enamorar.

Dedicó su breve vida a la docencia

y a usar disfraces en fiestas infantiles.

Desde sus años 20

nunca volvió a ganar un premio literario,

por lo tanto no hizo amigos

más que los de la infancia,

y tampoco le hicieron ni hizo

favores profesionales ni sexuales

para obtener o alcanzar la gloria.

El reconocimiento.

Nunca brindó

para cerrar un premio o una beca.

Dejó de anhelar

cuando vio a un pájaro muerto en la azotea

de un departamento de la Ciudad de México

donde vivió alguna vez

con la mujer que amó y le amó,

una sirena de cristal y piel color cerámica.

Se ahorcó en un dibujo de Kubin

en 1935 cuando su gato

murió envenenado por un vecino sin ojos.

Después de una tos terrible

que padecían gato y hombre,

como hermanos,

consumó todas sus pérdidas

con la pérdida de él mismo.

Dejó como herencia un pico roto

dentro del cráneo de un pájaro

que nadie encontró.


 
 
 

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