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LA BARAJA DE HOY: UNA DE FUTBOL

  • 29 abr 2018
  • 6 Min. de lectura

UNA DE FUTBOL

Publicado en Ciudad y Poder en noviembre del 2013

Argentina y Alemania son dos de los países que más han utilizado, políticamente, a este deporte; el primero en el mundial de 1978, en el que Argentina se coronó campeón venciendo 3-1 a Holanda bajo la dirección técnica del llamado “filósofo del futbol”, César Luis Menotti, pero afuera, a unos metros del Estadio Monumental, la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) realizaba torturas a los desaparecidos durante la dictadura del presidente Jorge Rafael Videla, el cual encabezaba el proyecto “Proceso de Reorganización Nacional”, planeado por gente de la milica, misma que le asignó el cargo. Es tétrica la escena de miles de personas gritando con algarabía “gol” mientras, simultáneamente, el grito de dolor de un torturado coexistía a poca distancia. Así fue. El mediocampista argentino, Osvaldo Ardiles, que jugó este mundial, opinó años después sobre su participación mundialista: “Duele saber que fuimos un elemento de distracción”. El mismo dictador Videla fue el encargado de dar, con sus propias manos, la copa del mundo a sus compatriotas, mismas manos con la que ordenó torturas. Alemania, por su parte, fue el campeón del mundo en 1990. Un año previo el muro de Berlín había sido derrumbado, el cual dividía a la ciudad en dos: este y oeste. Esta división se debía a diferencias ideológicas entre los ciudadanos fascistas y los aliados capitalistas y comunistas, en un época denominada como “la guerra fría”. La caída del muro levantó la libertad de consumo y el demonio del capital, la individualidad y las jerarquías. Nada mejor para darle la bienvenida al nuevo sistema que la obtención de un campeonato mundial de futbol, una alegría, paradójicamente, brindada por un equipo, por una colectividad, pero también por una de las actividades más consumistas de la época contemporánea: el balompié. El futbol surgió en Inglaterra. Un deporte frío, nublado, menos impactante que el futbol americano, las artes marciales o el box, menos violento, también, que estos tres. Es un deporte templado, originario del mismo lugar donde germinó el puzzle, Pink Floyd, Charles Darwin, Radiohead, y la hora del té. Es un deporte de precisión, condición física y asertividad. Es, entonces, un deporte muy inglés. Sin embargo, el futbol se enriqueció al ser exportado a América, pues se contagió de la pasión latinoamericana y, la mejor selección del mundo, Brasil, se encuentra en el cono sur del continente americano. Así es, por más garra e hinchada arrogante argentina que exista (de la cual soy seguidor), debemos reconocer que el futbol más bonito y espectacular se juega en Brasil, y eso basta. El resto, incluyendo México, son, han sido siempre, selecciones menores, futbolísticamente hablando. La cadera del futbol es brasileña. El ritmo, como el jazz y el blues, pertenecen a una raza específica. El futbol es, ha sido siempre, una herramienta de alienación social, un distractor y manipulador de masas, al mismo tiempo que es una herencia que no entiende de estatus ni condición social, ya que se puede jugar futbol con un balón de cuero o de lata, con una bola de papel o de hule. Probablemente, si tiene que revelarse al universo un deporte terrenal, sería el futbol. EL MITO EUROPEO Desde Hugo Sánchez hasta Chicharito Hernández es que surgió el mito del futbolista europeo que por fortuna, ahora, está desmitificándose. La calidad profesional de un individuo, en este caso la de un futbolista, no depende de nacionalidades, sino de dos aspectos: talento y sociedad. Si un Chicharito Hernández o un Giovani dos Santos son talentosos, pero socialmente está inadecuadamente manejados –dentro de un sistema de normatividad ética, digamos-, pasa lo que hemos visto en los últimos partidos de la selección mexicana: jugadores de marca, de firma, de nombre, jugadores modernos -en la connotación histórica de la palabra-, tal cual, producto de la individualidad; si un Carlos Vela es talentoso, pero socialmente está soldado a la idea de que jugar en europa lo vuelve mejor futbolista está, me parece, ensordecido; si un Aquino falla pases de trámite dentro de un campo profesional de futbol está, me parece, mudo. Estoy seguro de que estos errores son cuestión de una actitud ideológica, social, más que de una que tenga relación con la habilidad y la técnica. Así, con esas pésimas características de juego, nuestros ciegos, sordos y mudos seleccionados mexicanos compitieron en las eliminatorias de la CONCACAF para ir al mundial, precisamente, de Brasil 2014. Con un movimiento de cancha mediocre, con falta de carácter y excedidos de publicidad y mercadotecnia, es como los seleccionados mantuvieron al país fuera del mundial durante algunos agonizantes y largos minutos en su partido contra Costa Rica, problema que, curiosamente, resolvieron los gringos al ganarle 3-2 a Panamá y de esta forma darle, regalarle, el pase al mundial a los mexicanos, en lo que es ya un relato vergonzoso. No hay nada peor para un muerto que ser resucitado por su enemigo y éste, tras salvarlo, vanagloriarse y decirle “you´re welcome” en su cuenta oficial de twitter. EL SHOCK DEL FUTBOL En los ejemplos de Alemania y Argentina mencionados anteriormente, vimos que el futbol fue un “mantener contento” a la sociedad con la mentira de la felicidad, algo muy común en el capitalismo. México, antes de su atroz retroceso actual en el futbol, aparentemente estaba relegándose de su torpeza futbolística en la historia de este deporte, las goleadas que le eran recetadas en sus primeras participaciones mundialistas comenzaban a tornarse sólo como recuerdos y no como vivencias (no olvidemos que en su primer partido de copa del mundo México perdió 4-1 frente a Francia), ahora, sin embargo, el mal futbol parece haber resucitado en pastos aztecas. El futbol mexicano es, literalmente, una novela de televisa. Es difícil, cuando a uno le gana el gusto y la pasión, pensar que, como afirma el filósofo francés Jean Braudillard, todo es un simulacro, una simulación. La doctrina del shock, muy ligada a la simulación, tiene sus orígenes en los postulados del economista estadounidense Milton Friedman, premio nobel de Economía, bajo críticas, en 1976. El shock, palabra del inglés que significa “impacto”, “colisión”, forma parte de la expresión “electro-shocks” que, como todos sabemos, fue un tratamiento para pacientes psiquiátricos durante la primera mitad del siglo XX antes del hallazgo de ansiolíticos, antidepresivos y demás medicamentos posmodernos. Entonces, al loco en crisis se le calmaba con un impacto violento en el cerebro por medio de esta técnica, que no era otra cosa más que descargarlo eléctricamente para provocarle convulsión, confusión, miedo y por ende, y, finalmente, calma. En una sinécdoque ideológica y no coporal, el shock se utiliza para confundir y provocar miedo social, económico, vital, etc, y por consecuencia, calma, control. La doctrina del shock, políticamente escribiendo, fue utilizada por los estadounidenses e ingleses, quienes la introdujeron en América Latina, específicamente en Chile, con la colaboración y lealtad del dictador Augusto Pinochet, esto en la década de los 70´s del siglo pasado. Entonces, el golpe de estado chileno durante el gobierno de Salvador Allende, en 1973, fue una estrategia de shock planeada y ordenada por Estados Unidos. Los chilenos fueron los chivos expiatorios de esta estrategia. Margaret Thatcher, quien aplicó el shock en Inglaterra poco tiempo después del experimento estadounidense en sudamérica, le dijo a Pinochet en televisión abierta: “sabemos cuánto le debemos”, en una escena siniestra, pues ambos aparecen seniles, cargando en su consciencia violencia y muerte. Sucede esto: se escenifica, dramatiza, realiza, según el caso, un evento extraordinario para combatir una situación ordinaria. Por ejemplo: si Estados Unidos desea petróleo inventa una guerra para obtenerlo. Practica lo mismo que ataca: terrorismo. Autodestruye sus torres gemelas en un aparente acto terrorista realizado por oriente y va a Irak, destruye ese país y “libera” a su pueblo. Engaño, simulacro, simulación. Los intereses reales son otros, como el petróleo. Ejemplo nacional: los maestros de México toman el Zócalo capitalino, son desplazados por la policía. Simulacro: infiltrar falsos “anarquistas” para provocar miedo en la sociedad y en los manifestantes. En el segundo acto los manifestantes pretenden tomar el Zócalo de nuevo. Llueve, azarosamente. Tragedia nacional. Simulacro: intensificar la catástrofe mediáticamente e instalar en todo el Zócalo centros de acopio para los damnificados, de esta manera se imposibilita a los maestros el retomar la plaza y, entre otras situaciones, cancelar la segunda feria del libro más importante del país, después de la de Guadalajara. No lean, tengan miedo. Valerse de la desgracia de otros, como en este caso, sigue siendo un aliado importantísimo de la teoría del shock. La desgracia, al verla en los demás, fomenta el miedo y estimula el deseo de evitarla. Lo mismo sucede con la publicidad en la televisión: miedo, miedo, miedo; compra comida, tecnología, belleza, medicina, evita enfermedades, compra, cuídate, contrólate, embellécete, actualízate, mantente sano, compra, protégete, consume por miedo. Toda frecuencia crea adicción: necesitamos sentir miedo, y los que tienen el poder saben bien cómo infundirlo.

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