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PERMANENCIA VOLUNTARIA, VIÑETAS DE UN ESPECTADOR

  • 21 jun 2018
  • 4 Min. de lectura

¨DESPUÉS DE LA BODA¨ (2006). Dir. Susanne Bier (1960-)

LAS PÉRDIDAS INEVITABLES

Jacob es un fracasado que salva niños, es decir, los hace reír y los acompaña. Sin dinero –cosa de niños felices-, Jacob juega futbol con ellos o hace rehiletes de risa a su lado con bromas ingenuas en una zona pobre de India, en un orfanato. Desconfiado y esperanzado, Jacob emprende un viaje a Copenhague porque un empresario millonario se ha interesado en su proyecto altruista y desea conocerlo para dialogar y acordar inversiones. El empresario se llama Jorgen y está casado con Helene, ambos tienen una hija: Anna. La primera reunión entre Jacob y Jorgen se sucede con un tono jerárquico entre el rico y el pobre, entre el que pide y el que da, entre el que ordena y el que acata. Jacob intenta espiar el lujoso y ostentoso espacio oficinista y es relegado abruptamente con un cerrón de puertas por parte de Jorgen cuando intenta entrar a la oficina principal; sin embargo, tal atrevimiento a esa relegación es la invitación a un evento que Jorgen hace a Jacob unos minutos previos en la antesala: la boda de su hija Anna, lo persuade desde el argumento que será una ocasión idónea para conocerlo mejor, pues necesita pensar en qué aspectos específicos del proyecto desea invertir su dinero.

Jacob se enfrenta a su primer demonio barajado por Jorgen, su anfitrión: Helene es su ex amante. En un plan perverso aún desconocido por el espectador descubrimos que el millonario ha decidido reencontrarlos, y además ha decidido hacerlo en la boda de su hija. Así, durante la boda comienza a evidenciarse lo dibujado: Jacob es el padre biológico de Anna. Desconcertado y defraudado, Jacob desenmascara al pasado y se aísla del jardín del casamiento y se engulle en la soledad de un muro que está a unos metros del altar. Allí, pensativo, recorre con sus ojos –los cuales vemos con un acercamiento de cámara tenaz que captura las pupilas de un lado a otro de sus córneas- el amor entre Helene y él, el pasado –porque recordar es filmar-. Los ojos, cuando ambos amantes se recuerdan, son la balsa por la cual la cámara nos adentra en su nostalgia a lo largo de todo el filme. Una mujer se acerca a Jacob detrás del muro y lo seduce, él la rechaza con uno de los gestos menos afables del episodio melancólico: el asco; molesto por la intromisión, aleja a la dama con los brazos y la aísla del muro como en un juego de ajedrez, como el peligro o la amenaza de una reina en el tablero. Jacob y Helene discuten tras el escrutinio del verdadero padre biológico de Anna, discusión y tensión siempre observada por Jorgen que, con gris resignación nos delata –de nuevo con la mirada- que está pintando a su esposa junto al amor de su vida, ¨siempre te amó a ti, sólo a ti¨, lanza a Jacob en un diálogo de la película, otro incisivo: ¨todos tus proyectos fracasan, Jacob¨.

En medio de la fiesta y al día siguiente de la misma se revela el alcoholismo de Jorgen y un rasgo aún más devastador: su padecimiento de una enfermedad terminal. Descubrimos días después al también alcohólico pero rehabilitado Jacob, contándole a su hija sus problemas de adicción y la infidelidad que mantuvo con la mejor amiga de Helene, motivos de su separación. Lo que continúa son cuadros de discusiones, frustraciones, llantos, pesadumbres y desesperaciones: un hombre alcoholizado todo el tiempo mostrando desgarradamente sus delírium tremens inmerso en la llamada de la muerte; una mujer que extraña y aún desea y ama a su ex amante con el cual se ha reencontrado gracias a su esposo; una mujer joven recién casada a la que le llama la sangre y la hace unirse con su padre biológico. Soga: Jorgen propone a Jacob tras confesarle su pronta muerte que, una vez muerto, acepte la herencia millonaria que está dispuesto a otorgarle para sus proyectos altruistas en la India y le propone además casarse con Helene y vivir en su mansión y hacerse cargo entre ambos de sus negocios y familia. ¿Aceptará?

Anudo: una película lacerante sobre la disputa entre la convicción y los ideales, entre el dinero y la risa, entre el pasado y el presente. Dolorosa, amarga, triste, devastadora. Digno lomo sobre la repisa del punzante cine danés contemporáneo. Un niño pobre que pide le sea devuelta la sonrisa porque esa no se mide con dinero; dos amantes reencontrados por la muerte de otro; la destrucción de la juventud en medio del espejo del alcohol, de esa otra cara que nos carcome decisiones y recuerdos; un hombre que decide beber hasta morir cuando la muerte es ya un dedo índice sobre la frente, un índice óseo. Una moraleja de esta fábula con humanos es, quizá, que el pasado no es un búmeran, que nada vuelve, que aferrarse a lo perdido es volver a matarse como si no nos bastara, como si no nos fuera suficiente, suicidarnos una vez, matar una vez.


 
 
 

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