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LA ESCRITURA MUERTA

  • 3 jul 2018
  • 3 Min. de lectura

TEXTOS INÉDITOS ESCRITOS ENTRE EL 2010-2013

UNA FOTOGRAFÍA DEL FUTURO

Entre los ladrillos de una celda de una prisión francesa se encuentra una fotografía que fue guardada por un niño. Pudo haber sido un soldado digital o el balón con el que se coronó su equipo de futbol, pero eligió como muchos: una foto. Al reverso se lee en cinco idiomas: “Mi padre, el mejor hombre del mundo”, está fechada en el año 2080 y en ella aparece un hombre que parece mexicano, usa bigote y porta un sombrero como los que se usaron en la revolución de ese país en el siglo XX; se concluye, obviamente, que el hombre está disfrazado, ya que la tecnología RG no existía en 1910 y la esquelética fisionomía del hombre tampoco corresponde a las consecuencias del aguardiente o del tequila, sino a una droga del siglo XXI o a los estragos de un encierro con ayuno de algunas semanas. Esto lo concluimos por los objetos que aparecen en la imagen y no por el tiempo de la firma porque, como sabemos, el tiempo es relativo y no es un parámetro para llegar a la verdad. Es claramente una fotografía creada en la fecha de su firma, pero ¿por qué tomarse una fotografía disfrazado de mexicano en el año 2080?, ¿por qué querer verse como mexicano cuando los ojos del retratado parecen australianos? A pesar de su vestimenta, el individuo parece ser una combinación de razas: la piel morena de sus brazos contrasta con el color albino de sus pies, los dedos negros de sus pies y manos resaltan por el amarillo intenso de sus uñas (estas últimas, al parecer, a causa de un esmalte), el pelo largo y rubio con un corte femenino y una trenza que sobresale del resto del pelo que permanece alborotado y que revela raíces negras (deducimos que se trata de nuevo de un color artificial y que tiene el cabello negro y las uñas, suponemos: rosas, como son normalmente), tiene los labios pintados de rojo, el resto de la cara sin maquillaje, ojos y nariz orientales, quijada pronunciada con barba de rabino. La piel del tronco de su cuerpo es fino y se intuye suave porque no se arruga en ninguna curva de las costillas ni se aprecia deteriorada o con manchas que delaten alguna enfermedad venérea o terminal. Su tronco parece europeo, específicamente: italiano, dada la textura mediterránea de la piel y lo occidental de su distribución entre hombros, tórax y extremidades donde comienzan sus brazos, así como su pierna derecha y el pedazo de su pierna izquierda que le fue amputada y sobre la cual se extiende una cicatriz ancha y vertical.

En la fotografía vemos que el hombre abre un refrigerador. Se acerca, huele lo que hay dentro. Sonríe satisfecho, el aroma lo reconforta. Saca una bolsa de plástico y de ella arranca una rata que pone sobre el comedor metálico, la coloca boca arriba y la abre con un cuchillo. Lame la sangre que escurre, la persigue desesperado por la mesa y por el suelo. Vuelve al cuerpo y lo mastica, come a la rata por la cabeza y termina absorbiendo la cola como un espagueti. Al terminar limpia la mesa obsesivamente, se sienta. Escucha la gotera de la cocina. Fuma.

Agujero negro: a países de ahí -y quizá siglos antes o después- unos esposos duermen: él sueña a un hombre que come una rata. Ella a una niña descalabrada. Despiertan al mismo tiempo, agitados. Ella se sienta al borde de la cama, toca el piso con su pie izquierdo, tiembla, él se acerca, le recoge el pelo y la besa en el cuello, calmándola.

El hombre de la fotografía deja de pensar en ellos, entonces logran dormir. El hombre camina hacia al único cuarto de la casa, busca a su hija para despedirse y volver al trabajo, al asomarse por la ventana la mira descalabrada en el río. Ahora el esposo sueña a un hombre entrado en llanto que baja unas escaleras, la esposa sueña a una niña muerta que mira llorar a su padre. Escuchamos y vemos un monólogo:

—El hombre pensará desde ahora, después de comer ratas, claro, en la misma pareja asfixiándose el uno al otro todas las noches, a punto de morir los salvará, preferirá que mueran arrojándose por la ventana al cobrar consciencia de que han asesinado a su hijo días atrás y que el cuerpo del bebé yace en estado de descomposición entre los barrotes de la cuna—arroja la voz del niño inventor que fotografía y filma el dispositivo que miramos nosotros, los que leemos y vemos una foto simultáneamente.

El niño apaga la compleja cámara. La fotografía dura casi los diez minutos y es una de las pruebas más contundentes de que las pesadillas son independientes al pensamiento del que las sufre.


 
 
 

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