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LOS CORTES DE LOS BRAZOS

  • 31 ago 2018
  • 2 Min. de lectura

BLANCA LA CÓRNEA, NEGRA LA PUPILA

Sofía tiene el nombre de un cajón. Cajón como nombre. Abre el cajón y raya. Corta las líneas de la desesperación. Acaricia mis muslos. Le gustan. Canta una canción de desesperados mientras traza una línea de coca sobre la mesa. Piensa en el padre que tuvo. Piensa en el padre ausente, ese otro que no tuvo. Una mujer que dibuja líneas de coca es como una niña que dibuja la infancia. Aprendimos a dibujar lo desconocido: seres fuera del mundo o las caras de los animales de nuestra imaginación. Nunca vuelves a trazar igual como cuando eras niño. Quiero que me dibuje sobre un muro y me acaricie, que contraiga su vagina de color en mi pelvis de sombra. Sofía no quiere a nadie. Ni siquiera a las líneas de coca. Me convida. Las dibuja como venas y las corta. Entonces saltamos como niños con una canción blanca, color de la infancia. Sofía ha estudiado en las mejores universidades del país, siempre lo digo, lo sé, me gusta decirlo. Y estudió con honores. Me gusta decir que es científica. Me gusta decir que las mejores mentes son adictas. Blanca la córnea y negra la pupila, es una canción de una banda sin género. Me gusta delatar a Sofía. También me gusta lamer sus muslos. Siempre lo digo porque no soy nadie, porque llegué a la vida de Sofía por azar como suelen llegar todos los amantes. —Cántame al oído—me susurra con color púrpura en los labios. Me gusta su voz, es parecida a la de una ola. No: a la de la espuma de una ola. Voz blanca como espuma. ¿Tienen espuma las lágrimas o el semen? No queremos que termine nunca, una línea infinita. Música ahogando la casa. Eyaculaciones en la espalda. Cuenca de sal incesante .

—¿Sabes qué me gustó de ti?, tu frente. Es grande, como de hombre inteligente. También parece la de una calavera, pero con carne. Fantaseo con desollarte—arroja mientras inhala.

Sofía y yo estamos enamorados. Somos gargantas de pozos, fosas nasales ensangrentadas. También somos niños. La misma canción otra vez. El mismo polvo de siempre. Bailamos, brincando, ¿se baila de otra manera?

—Eso que escribes es aburrido. Deberías cambiar de giro. Deberías dejar de fumar—sentencia Sofía mientras miro cómo se dilatan sus pupilas. Ríe y aprieta. Ríe y aprieta. Saca de la pecera una tarántula y acaricia sus patas.

—Ven, tócala. Es como tocar mi vientre.

Sin título. Por: Luis Enrique Aguirre


 
 
 

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