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LOS CORTES DE LOS BRAZOS

  • 31 ago 2018
  • 1 Min. de lectura

LA CABEZA SIN AIRE

Es conocida la historia de Salomé con Juan el Bautista. Poco sabido es que perdió primero los pulmones y después la cabeza como todo aquel que es desaprobado en el amor. Simple: si no se respira no hay flecha. Poco conocido es, sin embargo, que el profeta Bautista no fue encerrado en un calabozo como cuenta la historia tradicional, sobre todo la religiosa. No. Salomé, contrario a lo que se piensa, fue encerrado en su propia mente, la cual luego perdió, decapitado. Quiso perder la cabeza no por la voluntad de Salomé, sino por evitar los recuerdos de un amor perdido.

Sin título. Por: Luis Enrique Aguirre


 
 
 

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