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PERMANENCIA VOLUNTARIA, VIÑETAS DE UN ESPECTADOR

  • 20 nov 2018
  • 1 Min. de lectura

¨EL FUEGO FATUO¨ (1963). Dir. Louis Malle

LA HIDRA DE LA CIUDAD

I de IV

Alain sacude sus ojos. Los sacude como a un recuerdo desagradable. Mira hacia la calle: vértigo, personas desconocidas con manos entumidas que se miran como se mira a cualquier otro en una ciudad moderna sin cabeza: sin caso, como se mira otra mirada sin relevancia alguna. Pero hay alguien enfrente: una mujer también sin cabeza que lo mira, sí: a los ojos. Descabezados se observan. Leroy evade rápido: desea beber. No desea nada, ni siquiera la cabeza de una mujer hermosa: sólo desea beber. No hay otra manera de unirse a la ciudad moderna que no sea a través de la decapitación, por eso nuestros personajes no tienen cabeza a pesar de tenerla. Erik Satie vierte la cabeza de un piano sobre el café de Alain Leroy, soundtrack de esta película. Es insoportable: Leroy no resiste lo suficiente y recae: pide un brandy. Lo vemos vivir el relámpago curativo de la primera copa, devendrá la tormenta, pero esa no importa ahora, importa la calma de todo principio, como éste. No hay escritura alguna que pueda describir la sensación de Leroy al beber su primer trago tras cinco meses de sobriedad. No hay escritura alguna ni medio alguno por ningún arte para describirlo. Tampoco ciencia ni intuición. Nada. Entonces Alain tiene imágenes volcánicas:

un niño que come fruta por primera vez

un adolescente que fotografía a escondidas a la adulta con la que se masturba

una niña que menstrúa por primera vez sobre un árbol, sola

***

Fotograma de ¨El fuego fatuo¨ (1963)


 
 
 

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